Cuando nacemos, nuestro cerebro todavía está muy inmaduro, la verdad es que nacemos “poco hechos”  y es hasta los tres años cuando desarrolla  su mayor plasticidad, es decir, el mayor número de conexiones neuronales. Durante toda nuestra infancia, pero sobretodo en los tres primeros años de nuestra vida, aprendemos de todo y de todos, por eso, figuradamente  somos como  la arcilla virgen  en manos de un  artesano,  pero en nuestro caso, las manos que nos amasan son las de nuestros padres, nuestros familiares más cercanos y, por supuesto, las de  nuestra sociedad. Entre todos van torneando la espina dorsal de nuestra mente, los  valores y principios, que poco a poco van  conformando  nuestra personalidad. Como en el arte de trabajar la arcilla, lo más importante es la amalgama, la buena unión de las piezas, y  por eso, si nuestros  valores y principios no están bien unidos entre sí, no tendremos integridad estructural y como consecuencia, podremos rompernos  con facilidad.

Está claro que nuestros pensamientos se han forjado en el laberinto emocional de otras personas y del entorno social que nos rodea, pero, imaginemos que no somos felices, que no tenemos integridad estructural y que nos rompemos con facilidad o sencillamente que queremos mejorar, crecer emocionalmente; en estos casos, el ser humano descubre que  tiene la capacidad de  volver a  crearse a sí mismo, de modificar sus valores y principios, de cuestionarse y replantearse sus leyes personales, convirtiéndose, en este proceso,  en su propio artesano.  A este tipo de artesanía la llamo Artesanía Interior, un elemento diferenciador de  nuestra  naturaleza y carácter, que nos hace únicos e inimitables.  El trabajo minucioso y complejo  de  la creación de nuestros nuevos pensamientos,  necesita  de buenos materiales y  de una  destreza o habilidad especial para el proceso. Nuestra mayor obra de arte somos nosotros mismos, por eso es conveniente que aprendamos bien esta maestría, la que nos enseña a entender nuestra mente y a elegir los pensamientos positivos  necesarios para que nuestra vida sea más  intensa y feliz.

El primer paso para trabajar positivamente nuestra artesanía interior es conocer nuestras fortalezas, nuestras capacidades y talentos. Estos materiales nobles se encargaran de unir todas las circunstancias de nuestra vida, elaborando una realidad  más sólida y  fructífera. En segundo lugar, aprenderemos a vivir en el presente, en el ahora, porque este es el lugar y el momento donde nacen los nuevos pensamientos, y porque es el único espacio temporal  que nos permite ser proactivos, es decir, elegir lo que queremos y como lo queremos en cada momento. En tercer lugar, proyectaremos nuestros sueños y los convertiremos en metas alcanzables e ilusionantes.

Todo este proceso de nueva  creación  positiva, requiere  de compromiso y   responsabilidad para poder dar a luz la mejor versión de nosotros mismos,  para convertirnos en esa gran obra de arte que estamos esperando ser.

La sensibilidad nos hace artistas, el arte nos hace eternos y la eternidad nos hace ser más humildes para entender que el verdadero sentido de la vida es creer en nosotros mismos para poder  dar lo mejor, aún en la  oscuridad de la incertidumbre.